lunes, 2 de diciembre de 2013

Existen dos (y solo dos) motivos por los que nuestra especie (tal vez) no debería desaparecer en un holocausto nuclear: la música y el queso. El queso no lo puedo compartir por aquí con ustedes.... bueno, el queso no lo compartiría, es más, ¡aléjate de mi queso! De hecho, voy a escribir un libro de autoayuda llamado "Aléjate de mi queso". ¿Dónde está la ayuda? Te ayudará a mantenerte vivo porque si te acercas a mi queso te mato.¿Como se define 'mi queso'? Todo queso que esté en el radio que abarcan mis brazos. Y no, no soy adicto, puedo dejarlo cuando quiera. Simplemente no quiero. Aclarado esto sobre MI queso - y para que no digan que soy un agarrado- compartiré la música con uds., que me sale gratis:
Tristán e Isolda, preludio:


Es una pieza tan sublime que aunque sea de Wagner no me entran ganas de invadir Polonia. Bueno, solo un poquito. Y nada más por la frustación de que se acabe.
Mmm... ¿Wagner?  Venga, vale, a todos se nos ha pasado por la cabeza ahora mismo, ¿no? Pues ahí va


Así que ya saben, ¡eso es lo que les pasará si se acercan a MI QUESO!!!!
Y poco más en realidad, el post de hoy me lo hizo Coppola. La paradoja del día está inserta en la escena de Apocalipse Now, juntitos y revueltos los motivos para redimir y condenar a nuestra especie. ¿Tendría razón Marco Antonio al proclamar:                                                                        

"The evil that men do live after them; the good is oft interred with their bones"?1

Yo por si acaso me voy a seguir comiendo queso.

"La maldad que hacen los hombres les sobrevive; lo bueno a menudo se entierra con sus huesos". Julio Cesar, W. Shakespeare. Acto 3, escena 2

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