viernes, 19 de abril de 2013

Amigos, para qué si no.



Pasado  mañana inaugurarían la nueva presa y todo el valle quedaría ahogado bajo el agua. Incluido el cementerio sobre el que dos siluetas en la noche cavaban un hoyo.

-“Soy de esos amigos que te ayudarían a esconder un cadáver;  pero si me traicionas, recuerda: sé cómo esconder un cadáver”  –dijo la primera silueta, la más alta.- ¿Recuerdas cuando me regalaste esa tarjeta de cumpleaños?

-¡Ja ja ja! ¿Cómo no recordarlo?  Sobre todo ahora –respondió la segunda silueta echando una palada de tierra fuera del agujero. – Aunque te confieso que nunca pensé que tuviera que tomármelo al pie de la letra.

-Ni yo tampoco. Pero has demostrado ser el amigo más leal. No sabes hasta qué punto –dijo la primera silueta en tono serio.

- ¡Ja ja ja! Bueno, tampoco te pongas tan grave, ni que hubiera dado la vida por ti. Además, te debía una.

-Sí, me la debías  –sopló una ráfaga de aire gélido; la temperatura del lugar bajó uno o dos grados repentinamente. - Pero la estás pagando con creces – se miraron el uno al otro. Una nube cruzó veloz el cielo y apagó la luna durante unos momentos, dejando en la oscuridad los pensamientos de los dos amigos. Pasó la ráfaga de viento, con ella la nube y la luna volvió a brillar.

- Enterrar el cadáver en un cementerio que pasado mañana será un pantano, confieso que es genial. No se puede drenar un pantano y un buzo nunca podría excavar una tumba bajo el agua. Me parece que ya casi estamos en paz.

-Ves, te dije que sabía cómo esconder un cadáver, ¡ja ja ja! – Por un momento cambió la expresión alegre y el tono de voz por otro más serio.-Gracias por confiar en mí después de todo lo que pasó –mientras hablaba la segunda silueta (la más baja de las dos) seguía excavando el agujero sin descanso, palada tras palada.-  Y por cierto, ya que estoy metido en esto hasta el cuello, ¿me podrías decir ya quién es el muerto y dónde está el cadáver?

- Claro, tienes razón, ya ha llegado el momento. Espera aquí. –La silueta más alta se alejó por la alameda rodeada de cipreses que llevaba a la salida del cementerio. Allí habían aparcado la furgoneta. A los pocos minutos volvía a aparecer.

-En lo que ibas y venías he aprovechado para terminar el trabajo- dijo la silueta más baja.- Y mira, he amontonado la tierra. Así será mucho más fácil volver a tapar el agujero.  Ahora ya sí que estaremos en paz, ¿no? ¡Jajaja!

Un brillo metálico danzó en la oscuridad un instante. –No.-Dijo la silueta alta.- Enseguida se escuchó un ‘click’ seguido de una detonación.  –Ahora sí. Gracias por ayudarme a esconder tu cadáver.

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