sábado, 27 de julio de 2013

Egoísmo recíproco

Reflexionando en el baño he llegado a la conclusión de que la misantropía me hace mejor persona, sin duda. Verán, cada vez que se escucha un comentario sexista, xenófobo, homófobo..., del tipo  que sea, criticando a un grupo humano concreto, el misántropo sabe que es falso dado que cualquier característica negativa es propia de toda la humanidad. Por ejemplo, "las rubias son idiotas". ¡No! Todo el planeta está lleno de idiotas y gilipollas sin distinción de color de cabellera, credo, raza o largo de las uñas de los pies. Saber que toda la humanidad es repelente te vacuna contra absurdos prejuicios que tratan, injustificadamente, de
Obviamente, las rubias son idiotas dada
su pertenencia a la categoría general de
idiotas "seres humanos".
restringir características universales a sólo unos grupos privilegiados. Y es que seamos sinceros y realistas, el odio es un sentimiento injustamente mal afamado. El odio es algo absolutamente altruista. Piensen por un momento en el amor, ese ente considerado como el más alto ideal de nuestra especie. Pues nuestro más alto ideal es un sentimiento intrínseca y marcadamente egoísta. El amor espera algo a cambio, generalmente correspondencia. Sin embargo el odio... ¡El odio es tan altruista! Se odia sin esperar nada a cambio, se odia por el puro placer de odiar, se odia a personas a las que ni siquiera se conoce en persona y no se espera que la persona odiada corresponda a nuestro odio ni haga nada en contrapartida.

Si piensan que estas no son más que las divagaciones de  un loco amoral y antisocial, ¡dejen de criticarme y pregúntense qué clase de cosas leen y por qué! Pero en realidad no lo son. Desde que Trivers introdujo la idea del altruismo recíproco en la biología evolucionista (siguiendo la estela del recién estrenado concepto de aptitud inclusiva de Hamilton), la discusión en la sociedad sobre sobre el valor y las intenciones de la conducta de las personas no ha cesado. Aquellos que defienden la conducta altruista desde una perspectiva moral y apelan al amor, realmente están apoyando la visión egoísta de toda conducta (recordemos el profundo egoísmo que encierra el amor, como hemos visto anteriormente) en la línea de una conducta egoísta mediada por lo genes (véase El gen egoísta de R. Dawkins  como obra divulgativa sobre el tema).

Así que la única conclusión inevitable de esta sesuda exposición de hechos es que el odio y la misantropía son las únicas conductas verdaderamente altruistas desde un punto de vista moral y ético. Así que ya saben, si quieren ganarse el reino de los cielos, ¡odien a sus semejantes!

Al final resulta que Jesús era un firme defensor del Darwinismo...


Jesús, ese neodarwinista enmascarado...

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